SOLA AYAPE, CARLOS
De los ocho an~os1 que duro´ la Repu´blica Espan~ola se han escrito innume- rables historias, porque ciertamente fue tan breve el tiempo de su vida, pero tan profunda su huella que resulta sorprendente su impacto. Una Repu´blica parlamentaria y constitucional de trabajadores de todo tipo, organizada sobre conceptos de libertad y justicia, que declaraba la no confesionalidad del Estado, que introduci´a el matrimonio civil y el divorcio, que otorgo´ el voto a las mujeres y reconocio´ en la ley el elemento vertebral, sucumbio´ presa de antagonismos internos deudores de muy diversas ideologi´as. La dificultad de consolidacio´n de los diversos partidos como el Radical, La Accio´n Republicana, el Partido Radical Socialista, la Derecha Liberal Republicana y sus diversas ideologi´as de los socialistas, de las organizaciones sindicales y de las uniones de trabaja- dores encontraron enormes dificultades para consolidarse. Todo esto sumado a que quieres eran los dirigentes, del estilo de Manuel Azan~a, eran intelectua- les y profesores que no pudieron controlar la abundancia del desorden que finalmente dio pie a la debacle. Y de ahi´ el exilio de quienes pudieron huir a pai´ses como el nuestro que les dio cobijo, quedado rotas las relaciones con una Espan~a dictatorial. No fue sino hasta el an~o 1977 que se recompusie- ron tales vi´nculos diploma´ticos, como lo relata Carlos Sola, sen~alando atinada y cri´ticamente que a la par se rompio´ con quienes ideolo´gicamente habi´an sido tan cercanos y quienes continuari´an su lucha hasta que, continu´a nues- tro autor, se restablecieran la libertad y la democracia. E´stas son las banderas de la lucha de absoluta raigambre republicana que, el pueblo ha de detentar, y es quien tiene el poder y la legitimidad, segu´n estos mandatos republicanos. E´sta legitimidad seri´a la que el 15 de junio de 1977 sepultara poli´ticamente a la Repu´blica en el Exilio mediante el poder de la participacio´n del pueblo en las urnas.