CHÁVEZ PADRÓN, MARTHA
A mediados de 1988 proyecté formular un breve artículo periodístico en relación con la conmemoración del aniversario de la fundación del juzgado de distrito con sede en Tampico, Tamaulipas. Mas este proyecto mínimo me arrastró, con inefable gozo, a otro propósito mayor, pues la contemplación de un órgano juzgador me transportó a la estructura republicana del admirable Poder Judicial Federal, éste a los derechos del gobernado que siempre ha tutelado y que se consagran en las Cartas Magnas -inmanente en toda Constitución está la fuerza pacifista del Derecho que le proporciona sólida estructura a los Estados contemporáneos-; y las consideraciones sobre este tema conducen forzosamente al origen de toda infraestructura legal, que es el pueblo; en este caso, el pueblo mexicano con sus sentimientos nacionales, como diría José María Morelos y Pavón, y con su extraordinario devenir social. Acicateó mi interés cognoscitivo descubrir, como con un golpe documental que abrió mis ojos a una acelerada vigilia mental, que al parecer el primer juzgado de distrito que funcionó en provincia se localizó en tierras tamaulipecas. Junto a tal novedad estaba la existencia de un procedimiento iniciado ante las autoridades locales, remitido a la recién inaugurada Corte Suprema de Justicia, resuelto por ésta, en definitiva, pero de cuya sentencia, al regresar a Tamaulipas para su ejecución, se encargó de ésta el.