MONTELONGO JOSE
Durante las largas jornadas en el desierto, cuando el calor cae sobre los hombros como una lluvia de plomo, es mejor permanecer callado para que no te ataque la sed. Así íbamos, en silencio, bajo el sol de mediodía, los que peleábamos por la independencia árabe en 1917. De pronto alguien se dio cuenta de que un camello vagaba sin jinete.