VALENZUELA, JOSÉ IGNACIO
Y así dio inicio esta historia, cuando algunos meses antes mi papá había llegado a casa con una mujer de pañuelos estrafalarios y una maleta llena de misterios. Se llamaba Luisa y se suponía que debía convertirse en mi casi casi mamá.
Lo interesante es que Luisa no era una mujer común. Era actriz, coleccionista de turbantes imposibles y escondía un gran secreto que yo descubrí una noche, espiando por una rendija.
Y entonces llegaron las tiendas de pelucas, los viajes a Egipto, los pasteles de María Antonieta y una frase que cambió mi destino: ¡Luces, cámara y acción!