DIANA OBANDO
En una meseta azotada por el frío y la niebla, Sara intenta sostener la vida con las manos desnudas: sembrar
papas, cuidar el vergel, mantener en pie una casa que apenas resiste la lluvia. Pero el territorio que habita no
es solo paisaje: está atravesado por mitologías antiguas y por la presencia inquietante de una entidad oscura
que parece vigilar cada movimiento.
Lejos, o tal vez demasiado cerca, Tomás se consume entre la vejez y la obstinación por domesticar una semi-
lla y, por un error, prueba una planta que desata una serie de sueños que lo arrastran hacia la memoria de su
padre y su abuelo, hasta confundirse con otros cuerpos, otros tiempos y otros dolores.
Junto a ellos dos, Vladimir trabaja la tierra, cuida animales y en esos sueños en los cuales también se arre-
molina, descubre que eso que llama naturaleza tiene sus historias que lo atraviesan más de lo que quisiera
admitir.
Noche, noche, noche explora el límite borroso entre vigilia y sueño, cuerpo y territorio, duelo íntimo y catás-
trofe ancestral.