En la caverna no encontró al magnánimo Odiseo, que estaba sentado llorando en la orilla, como solía hacerlo, desgarrando su alma con gemidos y pesares, dejando correr sus lágrimas mientras contemplaba el mar esteril. Odisea, Homero.
Artículos relacionados
Otros libros del autor
Vista previa: ODISEA
Este sitio web utiliza cookies, tanto propias como de terceros, para mejorar su experiencia de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Más información