FORSYTH, MARK
Los antiguos persas debatían todos los asuntos políticos dos veces: una sobrios y otra borrachos. Los vikingos creían que la hidromiel era la fuente de la poesía. El castigo que los aztecas infligían a los borrachos era el estrangulamiento público y los londinenses del siglo xviii estaban obligados a comprarle gin a un gato mecánico. Cada civilización ha tenido que encontrarle un lugar o una forma de controlar al eterno impulso humano de emborracharse.