REBECCA YARROS
«¡Yo los cuidaré!».
Eso es lo que le digo a la trabajadora social cuando uno de mis alum
nos de preescolar y su hermanito bebé necesitan con urgencia una
familia de acogida. Haré lo que sea para que no los separen. Pero mi
departamento está inundado y, con tan poco tiempo, solo hay un lugar
al que puedo llevarlos
la nueva casa de Knox Daniels.
Knox es el mejor amigo de mi hermano mayor, por lo que no duda en
ofrecerme su hogar. Todavía falta un mes para que regrese a nuestro
pequeño pueblo y cuando lo haga, él, junto con todo el legendario
equipo de bomberos forestales de Legacy, tratará de reconstruir la
icónica brigada que fundaron nuestros padres.
No importa que haya estado enamorada de Knox en silencio desde
que éramos niños. No puede importar que fingimos que aquel beso en
la noche de graduación nunca ocurrió. No debería importar que lo
que siento por él podría arruinar su amistad con mi hermano y poner
en riesgo la certificación de la brigada. Porque yo me habré ido de su
casa mucho antes de que él regrese. Excepto que Knox acaba de entrar
por la puerta
un mes antes de lo previsto.
¿La cereza de este desastroso pastel? Él luce espectacular como siem
pre
y yo estoy cubierta de vómito de bebé.
Knox mira a los niños, luego me mira a mí, y dice que podemos lograr
lo. Que podemos fingir una relación, solo temporalmente, para evitar
que el sistema los separe.
De pronto todo importa, porque es muy probable que me rompa el
corazón.